Olympia y Ray – 1 parte

Olympia y Ray -1 parte

El amor entre distintas especies.

Hace mucho tiempo en la selva tropical, viven muchas especies de aves. Pero una en especial. Estaba compuesta  por  águilas y, entre ellas, Olympia se distinguía de las demás. No comía carne, era fructífera y  solo se alimentaba de frutas. Además, tenía un color  diferente; era completamente blanca y solo se podía ver una raya rosada en  la cabeza. Era La más hermosa de todas y tenía un corazón enorme, pues en vez de cazar animalitos, les ayudaba a escapar. Todos la querían mucho. Sin embargo, su  familia  tenía la esperanza de que algún día cambiaría, porque al cazar Olympia les espantaban los animales.

Una  mañana, mientras estaba desayunando, escuchó un grito. Salió volando y divisó a lo lejos un grupo de papagayo . ¡Algo estaba sucediendo! Tenían amordazado y enrollado a uno de su  misma especie, otro papagayo, y lo iban a lanzar desde lo alto de un precipicio. Sin pensarlo dos veces,  Olympia salió volando desde abajo del precipicio, ocultándose de la vista de los malvados papagayos, y con su pico cogió las cuerdas que ataban al pobre animal y se llevó al apresado lejos de esos villanos. 

El papagayo se quedó tan alucinado con la actuación del águila que no pudo dejar de agradecerle mil y una veces que lo hubiese salvado. Él tampoco era un papagayo normal. Era enorme…,casi tan grande como Olympia. Los dos   tenían algo en común;  que comían solo fruta.

-¿Por qué  te querían matar esos papagayos?-preguntó Olympia.

-Me llamo Ray-respondió él-  y esos papagayos son  mis hermanos. Se avergüenzan de mí desde que éramos pequeños. Dicen que soy rarito por comer solo como fruta: tampoco  como insectos… no los quiero hacer daño,¿sabes? Como, además, duplicó su tamaño, me querían quitar del medio.-añadió el papagayo con tristeza- No  puedo creer lo que está pasando,  ya no volveré con ellos.

Olympia, no podía creer la maldad de esos hermanos, asi que penso que habia que dar un buen susto a los horribles papagayos.

Ray permaneció lejos de su familia, mientras que Olympia regresó a su casa. Allí Comentó lo sucedido con  su familia. Pero nadie la entendió: son cosas de papagayos, decían. ¿Cómo te metes en eso?, le reprocharon. Estaban tan enfadados con ella que, como castigo, encerrada la dejaron.

Muy triste, Olympia no dejaba de pensar en Ray. Dos hermanos de Olympia que habían  escuchado la conversación, se acercaron a ella y  la sacaron de la jaula. Querían dar un gran susto a esos papagayos….¡ Ya es hora de algo de acción!,pensaron. Se llamaban Tom y Zulu,  eran el doble de grandes que Olimpia y estaban decididos a proteger a su hermana.

Los tres águilas alzaron el vuelo, con intención de ir  a asustar a esos  horribles papagayos. Pero al llegar, se quedaron atónitos. Todos estaban llorando, decían que un águila  les habían atacado y que Ray quiso defenderse y murió en el acto. Olimpia, Tom y Zulu  no podía creer lo que estaban escuchando…! cuántas  mentiras contadas por  esos falsos papagayos¡ Sentían tanta  impotencia que deseaban  darles un escarmiento por  mentirosos y cobardes. Pero debían  pensar en frío y decidir con calma   qué hacer. Así que, decidieron ir en busca de Ray  para destapar esa gran mentira.

Se fueron los tres volando hasta donde estaba  Ray  y  le  contaron todo lo  sucedido. Decidieron poner fin al engaño y Ray se  enfrentaría para siempre   con sus hermanos malvados. Cuando llegaron las tres águilas a casa de los papagayos, todos se quedaron paralizados al ver  detrás de ellas a Ray. No entendían nada, pero él no tardó en contarles  lo sucedido: que Olympia le había salvado la vida. Los papagayos no podían creerlo.

En ese momento, Ray Decidió  desterrar a sus  hermanos malvados, y ellos, muy cabreados,  amenazaron a  todo el poblado. Sin embargo, la fuerza, en este caso, no sirvió  para nada, pues lo había empeorado  todo.  Triunfó la verdad y la paciencia.

Y fue así como empezó el  verdadero amor, sin clases, ni  razas. Un águila blanca como la nieve y un magnífico papagayo, grande como una montaña. Ray y Olympia vivieron muy felices. Eran muy diferentes por  fuera pero tremendamente iguales por dentro. Los dos comían fruta, los dos ayudaban a todos los animalitos del bosque y los dos tenían un gran corazón. FIN

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